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Tardé casi 40 años en dejar la Coca-Cola Light

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Esto no solo está relacionado con el aumento de peso, sobre todo en el vientre, sino que también provoca antojos. El aspartame es 200 veces más dulce que el azúcar de mesa. Quienes la consumen en abundancia están tan acostumbrados a su sabor superdulce que todo lo demás les parece insípido en comparación.

Leatha Medina, de 46 años, directora de captación de talento en Jewish Family Services de San Diego y fundadora del grupo de Facebook, llevaba décadas intentando dejar la Coca-Cola Light. Su adicción interfería con su vida diaria. “Llegaba tarde al trabajo porque la fila del McDonald’s era demasiado larga”, narró. “Me empezó a fastidiar cómo la Coca-Cola Light estaba rigiendo mi vida”.

Ella también luchó contra fuertes dolores de cabeza cuando dejó de tomarla, junto con un “hilarante malhumor como de síndrome premenstrual”, dijo. También tenía una sed muy intensa que parecía insaciable, pero la ventaja fue que eso la obligó a beber más agua.

Coca-Cola tiene una visión diferente de lo que la gente llama adicción. “Los alimentos y las bebidas, como el chocolate, por ejemplo, pueden desencadenar lo que los científicos llaman ‘centros de recompensa’ en el cerebro, pero también pueden hacerlo otras cosas como la música o la risa”, dijo Daphne Dickerson, portavoz de Coca-Cola. “No es lo mismo consumir alimentos y bebidas que tengan buen sabor y que disfrutes, que ser adicto a ellos”.

Otros estudios han vinculado los refrescos de dieta con accidentes cerebrovasculares y demencia, diabetes y síndrome metabólico y caries dentales, así como calambres abdominales, diarrea, alucinaciones, dolores de cabeza, dolor en las articulaciones y náuseas. Pero los médicos no saben si se debe al aspartame, la sacarina o algo más. ¿Tal vez estos consumidores simplemente llevan vidas poco saludables? Los adictos, como yo, se aferran a esa ambigüedad, junto con el hecho de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos le ha dado su aprobación al edulcorante artificial.

Entonces, ¿cómo es que algunas personas han logrado acabar con esta adicción?

En septiembre de 2020, a Mindy Beller, de 58 años, editora técnica de una empresa de consultoría medioambiental en Asheville, Carolina del Norte, le diagnosticaron cáncer de mama. Tenía un hábito que incluía ocho latas de Coca-Cola Zero al día y no lo dejó sino hasta después de la cirugía, cuando los médicos detectaron más presencia de cáncer y se dio cuenta de que tendría que someterse a quimioterapia. (Aunque los refrescos dietéticos no se han relacionado de forma concluyente con el cáncer, ella decidió evitar los alimentos poco saludables). Beller utilizó la aplicación Quitzilla, un contador de sobriedad y eliminador de hábitos, que registraba su progreso. “Cada vez que tenía un antojo, el solo hecho de mirar la aplicación hacía algo bueno en mi cerebro”, dijo. No tuvo muchos efectos secundarios físicos, pero anhelaba la bebida. Ella le da crédito a la aplicación por ayudarla a dejar los refrescos.

Medina dejó de beber refrescos en junio de 2019 después de que su cuñada, con quien tenía una vieja apuesta, dejó de fumar. Ella se sintió culpable de no haber cumplido con su parte de la apuesta, por lo que cuando fue al McDonalds les pidió que pusieran mucho hielo en su vaso de Coca-Cola Light diluyendo así el refresco. Poco a poco, le empezó a gustar esa versión, lo que la ayudó a reducir por completo. Dice que, desde que dejó los refrescos, ya no anhela el consumo de azúcar o alcohol y su fibromialgia ha mejorado.


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